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viernes, 5 de febrero de 2010

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sábado, 16 de enero de 2010

Gramma de Daniel Rojas Pachas o la errancia grotesca del verbo

Gramma de Daniel Rojas Pachas o la errancia grotesca del verbo.

Por Violeta Fernández Riquelme.

Rojas Pachas en su último poemario Gramma (Cinosargo 09) transita con desparpajo y sin pudor por lo más visceral y abstracto de la expresión. Como el mismo autor / hablante señala en “decurso” (a la manera de un prólogo) única muestra de un yo transparentable en la obra, el objeto de plantearse ante el lenguaje como poesía (como metaforización de lo existente) es lograr la (des) construcción y (re) lectura de rincones de olvido y asfixiantes recámaras esquizoides plagadas de (((ecos))) o transmisiones de un futuro a arcadas apocalíptico y ruinoso.

–ruidos guturales (((ecos))) inter-ferencia; una transmisión del futuro – un cíclico intertexto -(((ecos))) citas, ficciones verdaderas entrepiernas sudorosas, botellas, carne (((ecos))) desde infinito dolor, olor, fragmento invisible (del poema Texto)

(…)

ver todo desde esta pantalla, juntos… en este lugar transparente de ranuras… lubricadas… sí… siguen siendo la madre infesta de… y mis labios y los tuyos, tú… qué tal… cómo lo sientes, un ménage à trois ummmmmmmm Tal Vez un rápido cambio de versos, ensali-bando el juego. (quizá otro día) (del poema Comunicado)

Evidentes y sensibles son las imágenes y voces que se superponen y nutren de la imposibilidad antirepresentativa de la comunicación por ello la palabra fragmentada nace “interrumpida” y carente de verdad, aislada en la mudez, apelando bien a la intelectualidad y solipsismo de la lengua como única pulsión y realidad para el sujeto a constituirse como texto o texto a reificarse como hombre.

yo al escribir… pienso en el texto y siento el mundo como texto, la realidad como texto, los sujetos como textos y el texto como sujeto y realidad (Decurso)

Y es en este punto que aparece el soma como implosión. Concepto que en un texto anterior (Delusión) el escritor ya había detallado.

La existencia es una sola, una nada universal compuesta de múltiples nadas, entes vivientes entre los cuales se encuentra la realidad humana esa nada capaz de captarse a si misma y a su entorno, por tanto ella, además de ser una nada (necesidad vital, posibilidad infinita) carga con la necesidad de ser, una conciencia (necesidad de conocimiento, de verdad / capaz de captarse a si misma y definirse luego del impulso vital; absurdo y sin sentido). (Del prólogo de Delusión)

La carne asume como único medio de aterrizar el discurso, de percibir el universo. Así con errática violencia sexual y esperpéntica performance verbal, los principales términos que se suceden apuntan a una estética del mal y la degradación de toda corporeidad.

Sostenido abismo, carnosa exuberante, carnívora respirable… preciosa pasarela repleta de tripas y riñones …preciosos, precioso preciosísimo límite de carne frontera infranqueable …con razón, fuerte razón, filete carnoso…(Piececitos)

Esto lleva a pensar en una suma de variantes conjugados en Gramma todas de cualquier modo tienen en común el apuntar a la ficcionalidad de lo real y la realización de lo verbal en el cruce y juego de estilos, de propuestas y voces que desafían al tiempo y espacio que interpretará la obra inmediatamente y desde el cual se proyectara hacia posibles y futuros lectores.

No es azaroso que el libro empiece con un epígrafe de Enrique Lihn que señala: El estilo como la suma de todas las incertidumbres del hombre.

En torno a esa actitud resignadamente moderna y fracasada del aprovechamiento y manipulación que hacemos de la palabra, el arte y la creación y como estas, hacen uso de nosotros en una simbiosis en que parte y todo se confunden, autor y creación se mixturan, fluye la ambigüedad y la contradicción como una constante. Ciertamente lo metafísico y abstracto tiene su origen en la carne de acuerdo a lo que plantea el autor, pero esta a su vez no puede sustraerse del dominio de la nominación y los caminos a que ha sido llevada la materia desde la potestad de la razón y los significados.

…el texto, yo texto, el texto… es entonces, el único espacio, en que puedo concebir …una autentica verdad, flexible, ambigua, rizoma de sentidos, dialogante polisemia…. una verdad sin máscaras, una máscara que no es verdad …que no es la verdad que conocemos, que nos han enseñado, que nos imponen a diario y que dejamos nos… atraviese… (Decurso)

En tal caso, el libro somete a juicio los significantes y la manera que tenemos de aprovecharlos, si hacemos un parangón con la pintura, podemos señalar que aunque los colores son en esencia los mismos cada cual los percibe de un modo particular y más aun, como usuarios podemos optar por una pintura tradicional, naturalista, barroca o expresionista, este último caso es el de la poesía de Rojas Pachas, la búsqueda de la expresión libre y subjetiva y que en Decurso como una declaración de principios advierte, no pienso en épocas ni personas.

Sin ser arte por el arte, el compromiso es con el texto, con el sujeto como posible lectura y la lectura que en tal medida cada sujeto hará sin restricciones o condicionamientos. Es un modo directo de apertura a la polisemia e invitación a la estética del receptor. El placer personal que debiera promover un libro.

Desde luego es una apuesta ambiciosa y en frio, pues para lograr los efectos esperados se requiere de una cooperación activa y un deseo de exploración en la exégesis, en la interpretación que no muchos receptores están dispuestos a iniciar, por ello la elección de trabajar la poesía ya es un riesgo y en un país y continente donde el canon marca como el alpha y omega de la poesía a tres nombres a lo mucho, hacer cierto tipo de poesía, de textos en realidad es más avezado e incluso iluso. Gramma por tanto independiente de su calidad es un ejercicio tan sensato como un clavado contra las rocas.

Sin embargo, no puedo en esta reseña dejar de mencionar algunos otros elementos del texto y su aventurada intención, sin duda hay un enmascaramiento y contradicción en el juego textual, desde la elección de lo prosaico para versificar hasta el afán de posponer el yo y en lo posible mutarlo de página en página, ello se ve en la variedad de motivos que cada lectura del I al X de la obra desea sugerir.

Podemos ver cada poema de Gramma como una pintura distinta en una galería, incluso una de las imágenes en concreto puede desdecir a las otras, algunas se reafirman desde luego pero la mayoría desafían el intento de la que la precede o continua, quizá es más acertado entender esto desde la portada misma del libro, una ficha de biblioteca con una suma de nombres, vidas expuestas con una firma o rut, ampliando su significado aparece una fecha al lado, pero si nos detenemos a pensarlo son más que eso en verdad, son lecturas, son posibilidades de interpretación entonces desde el comienzo Gramma nos dice aquí subyacen miles de intereses, infinitas posibilidades de decodificación y cada texto en sí, también propone eso frente a sus hermanos. El índice del libro por ello podría entenderse como esas múltiples variaciones del sentido y el interés del autor por mimetizarse y mutar en cada arruga y plano de la palabra.

Entonces que da unidad al libro; la diferencia salta de inmediato a la vista, letras contra afirmantes con un carácter hiperbólico, escatológico, grotesco y sin duda esperpéntico. Parafraseando al autor: …un sentido posible, sobre todo posible y probable…

Pues como reitera en su textualidad sujeta, la incertidumbre ante todo agoniza y es el pulso escritural, el afán de no soltar la intención creativa la que sangra y suda y va pariendo monstruos y criaturas celestiales, fisuras y espejos paranoicos, horridos y pulverizantes, cercanos o ajenos según sea el caso a su propio padre, el autor oculto, cambiante, metamorfo, mal o bien intencionado, inocente o culposo del tránsito que cada uno de sus hijos/ poemas o mejor dicho textos/sujetos pueden tener de forma autosuficiente al igual que el destino del autor/texto que en principio dio origen a este calidoscopio de la creación y la palabra con la misma ingenuidad y soberbia de un demiurgo.

…vale la pena intentar, robar un poco de aquel placer, elevar algunos falsos testimonios, edificar algunas parábolas para completar el gran libro… no te parece… y pretendiendo, falseando la suma de incertidumbres, deleitar nuestros sesos en el ocio. (Muchos pasan por su lado) Muchos pasan y besan los pies de la esfinge, eso es lo correcto… se dejan bañar por sus jugos seminales y siguen firmando, afirmando la contramentira, la masacre, el trauma y en la esquina, sin ojos, la vuelta de mano construye la profunda negación, algunos tullidos hermanados se debaten bajo el cielo cubierto de matrices, bailan el fracaso, qué hermoso, qué bello, el milagro sincero de nuestra carnadura y trinidad, un masturbatorio vuelto cementerio… Qué hermosa tentación pintada de rojo con las llagas del tiempo. (del poema Comunicado)

Podrías decir entonces, que la voz que subyace es la de los demonios profundos de una conciencia ante la verdad que todos conocemos, defendemos y por la cual matamos y mentimos. Escritura en su fugacidad y acción y carne en su materialidad se oponen y sintetizan en esta poética de la nada y el todo. Relacionamos para concluir este principio de antagonismo y complementación con otro de sus poemarios, el mentado prólogo de Delusión,

Al desmitificar los íconos, símbolos y en última medida, los discursos culturales de mesura, moral, cortesía y autoridad, aceptando a la par del orden, el otro orden, la violencia innata, la ambigüedad de los géneros y dogmas, la escatología, el caos de las decisiones, la frustración, la ironía y cinismo, la imposibilidad de la comunicación, el dilema de la alteridad interna y externa y en el caso máximo de la realidad humana, que cómodamente abrazamos o dejamos de mala fe nos aplaste, podemos señalar las posibilidad libre y rizomática que acepta su nada, su sin sentido y absurdo. (Delusión)

y podemos visualizar el perfeccionamiento de la forma, esa exploración introyectiva que su voz declara buscar y que pretende llevar al límite de la incomunicación y al abismo de sus trabajos previos. Yendo atrás, lo explícito de su primera obra Música Histórica que declara su origen contestatario y adolescente que debe al beatnik y al realismo sucio, muta con un salto del contenido a la agitación y completa errancia del verbo, lo cual es una significativa evolución introspectiva hacia una poesía que ya no confía en lo golpes y enunciados performativos, el giro de 180 grados señala entonces un divorcio de textos iniciales como Rostros o La calle es… ambos de Música histórica, poemas tributarios de Ferlinghetti o Bukowski y que replegados no en intensidad pero si en mecanismos, dan paso a un anhelo indescifrable y críptico, grito amordazado que en su enigma resulta más desconcertante y en su disolución más poderoso que una amenaza o sentencia directa.



viernes, 26 de diciembre de 2008

El sujeto inquietante y la historicidad como red en la novela testimonial carne de perro de Germán M


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El sujeto inquietante y la historicidad como red en la novela testimonial carne de perro de Germán Marín

Perpetrado por Violeta Fernández

Puede que a primera vista el nombre del artículo deslumbre o resulte pretencioso a gusto de sonar intelectual y elevar mi ego como redactora, algo de eso hay, pero hablando en serio, el asunto a tratar es más sencillo de lo que parece a priori, ya que el encabezado no hace más que recoger los dos elementos protagónicos que a mi perecer, marcan la tonada caótica, letal y delirante que Marín orquesta en esta novela corta llamada Carne de Perro que hurga de forma obsesiva en las páginas más oscuras y abismales de los años setenta en Chile.

Por un lado tenemos al sujeto irracional que actúa como un huracán de violencia indescifrable, me refiero a todos los miembros del VOP, pero en especial a Heriberto Salazar Bello uno de los tres asesinos de Pérez Zujovic y que terminó como una bomba humana inmolado en el cuartel de investigaciones de Santiago. Bajo esas condiciones que desafían las barreras de la ficción y la realidad, Salazar Bello y los otros miembros de la Vanguardia organizada del pueblo, los hermanos Rivera Calderón no pueden ser ignorados en la historia de Chile, son Erostratos sin motivación aparente, la fama no es su móvil pero el acto de violencia que les otorga la inmortalidad social los lleva a escapar del promedio y sus mezquinas historias personales aún cuando no estén consignados a cabalidad por los textos educativos. Tan sólo en las otras fuentes que nos informan del pasado dejan de ser extras. En la crónica periodística y la novela su existencia nos invita a re-interpretar los hechos desde otro foco, no el de las víctimas, héroes, estatuas y mausoleos, sino a la luz de los nihilistas, de los renegados, de los que se perfilan a juicio de la cordura estricta como agentes del caos.

Creo que esto es importante de consignar sobre todo por la referencia que en el 95 el propia Marín hace sobre esta obra debido a su re-publicación. En ese breve párrafo el autor recalca no haber modificado la versión original del 83 más que en una coma y aprovecha de citar a Foucault y Deleuze. Este último, promotor del esquizo-análisis junto a Guattari y el primero un estudioso de las implicancias del poder y la represión.

Por ello en el trabajo de interpretar el texto y no dejar fuera los epígrafes, comentarios de Marín y las dedicatorias, pues estamos ante una novela testimonial basada en hechos verídicos, es importante fijar la atención en lo que anticipa el creador del Palacio de la Risa e Idola al exponer en la primera página su ánimo por dedicar la obra a los hermanos Robledo, Ted y George. Ambos futbolistas chilenos de origen inglés con ingratos finales. Según señala el novelista, leyendo las crónicas de estos personajes conoció la vocación por el fracaso, pues el sueño de estos astros del balónpie acaba en el caso de uno con una muerte misteriosa en Oman que lo vincula a servicios de inteligencia y al otro atrapado en un patético empleo de auxiliar de colegio. Todos elementos que dan consistencia a Carne de Perro, el tiempo y las vidas, lo inquietante de los destinos y el derrotero que está a la vuelta de la esquina.

De modo que las vidas de Salazar Bello y los otros militantes del VOP, dotadas de un halo de mítico fracaso y misterio resultan ser sombrías e inquietantes fichas en el gran telón que Marín teje usando el hilo histórico, y es ese mismo hilo de su manufactura el que me interesa reseñar, puesto que estamos ante una novela que privilegia el tiempo por encima del espacio, por ello la temporalidad se eleva como aquel segundo factor a tratar. Su irrefrenable poder es tema de la obra, objeto de discusión, recurso estilístico e incluso protagonista, en la medida que estamos ante hechos reales que han sido novelados.

Bajo el escrutinio literario se presenta el tiempo pretérito de un país, continente y mundo si pensamos en la C.I.A y en que los planes de ambas partes políticas comprometidas Comunismo/ Capitalismo (esto si queremos ver la cosa en función de bloques y blanco-negro) o de todas las cabezas e intereses en juego (lo cual es más verosímil) puesto que muchos ponían la atención en este sitio ansiando o temiendo se volviese otro Cuba o Vietnam, aunque como dicen por ahí, cuando Dios y el Diablo meten la mano en la jarra de galletas no sabemos que pactos mudos realizan; el hecho es que las situaciones contingentes y verídicas han sido llevadas a otro tiempo por Marín.

Surge la temporalidad autónoma de la narrativa pero respetando la función que Cronos ejerce sobre todas las cosas, ambientes y personas no sólo de aquellas que están dentro de la obra sino también de las que se encuentran fuera junto al autor y su eventual público, que como parte de ese ejercicio incansable de eternizar y congelar un segundo con la palabra crea un mundo dialogante de fragmentos y memorias para ver si en la relectura y revisión conjunta de lo plasmado en el papel y lo vivido o conocido por otros medios, se encuentra alguna respuesta, nuevas interrogantes o siquiera un segundo de profundo abismamiento ante el encuentro de las irracionalidades y contradicciones que provoca una violencia que se apaga tan fuerte como inesperada estalla.

En fin como no pretendo desarrollar un orden tajante y taxativo o el formato exclusivo que exigen las revistas, primero hablaré del recurso más evidente, la historia como red que atrapa todo en esta crónica negra que tiene como núcleo el asesinato del demócrata cristiano Edmundo Pérez Zujovic mientras salía de su hogar con su hija rumbo al centro de estudios de la joven.

La maraña que Marín teje desde la mente de uno de los asesinos del ex vicepresidente Zujovic, Ronald Rivera Calderón (personaje verídico) nos arrincona a todos como testigos pero también como productos de los hechos de sangre. Cuarenta años después, es cosa de navegar por la web, ver las noticias o simplemente vivir en Chile y buscar o pensar en los nombres de los personajes del narrador y ver las impresiones disímiles que hay en torno a cada uno y lo que representan en esta sociedad, el mártir revolucionario o terrorista, el ministro víctima de la insensatez o represivo tirano amparado por la ley, los partidos y coaliciones, los que los suceden y sobreviven disputando el poder, todos son lugares comunes que alimentan los matices de un debate que va creciendo y se tiñe de odio, resentimiento, fanatismo y por allí también con algo de tolerancia y entendimiento y discursos políticamente correctos en busca de la tan preciada reconciliación. El color del tamiz es enorme e inidentificable, se presenta con todas las gamas que se puedan imaginar en este país que aún vive celebrando ambiguamente sus guerras civiles, derrotas o levantando por votaciones masivas y televisadas a personajes grandiosos de su historia mientras a otros los tapa en provecho de la opinión pública o para no levantar nuevas crisis y resquemores aún cuando, los discursos y recursos políticos de antaño se mantienen en ejecución.

De manera que sujetos y objetos en este libro y su creador así como receptores directos, los que no pueden escapar a los estragos de esta novela, los chilenos, están atravesados por el devenir como un germen corrosivo. Cada elemento expuesto no puede escapar como dijo Joyce en Retrato del artista adolescente, “a la pesadilla que constituye la historia”, no hay azar en que Marín incluya ese fragmento como otro de los epígrafes. Momentos clave y fechas el 71, el 73, el 69 y todos las circunstancias que se desatarían en esos fatídicos y decisivos años se asoman como una presencia infranqueable, una mirada fantasmal o un terror en potencia, el Estadio Nacional por ejemplo aún no revela su nexo con el terror, al convertirse en centro de detención, pero su paso subrepticio por las páginas comunica eventos que el tiempo cosechará, son una invitación a historias paralelas y abiertas para el lector tan llamativas como los explícitos asesinatos, masacres, protestas y golpes de estado que si se nombran o detallan. Los asaltos a bancos a retenes y armerías no son la excepción así como las armas, recuentos periodísticos que dan cuenta de los atracos y la historia que puede tener una Karl Gustav o Luger, ¿a quién mató?, ¿de quién fue? y ¿cómo murió el anterior dueño?, ¿era un carabinero o un comerciante?, lo mismo ocurre con los autos sustraídos para el atraco, para la emboscada, y los partidos políticos que se suceden, las figuras nacionales, Pinochet, Allende, Clotario Blest y los revolucionarios convertidos por los medios de prensa como el Mercurio en satánicas figuras de izquierda, y por las otras facciones, principalmente en panfletos o proclamas, erigidos como verdaderos patriotas que dieron un cierre o respuesta a irracionales medidas como la de Puerto Montt en Pampa Irigoin, una de las causas que motivó el asesinato del que fuese ministro del interior de Eduardo Frei Montalva.

Las otras causas sólo se infieren son parte de la cruzada extrema del VOP o la mano negra de los Panameños que entrenan a los guerrilleros nacionales como amigos, cuando en la mente de algunos, el viejo Heriberto Salazar Bello por ejemplo más que ver universitarios comprometidos con la lucha de clases reconoce agentes encubiertos de los servicios de inteligencia norteamericanos llamados a encender la mecha que acabaría con el gobierno de Allende y su revolución con sabor a chicha y empanada.

Todos los detalles entonces son para Marín caminos rizomáticos a muchas otras tramas, y tan complejo hilado no se le va de las manos al autor, el adrede deja esas puntadas sueltas, pues cada una de ellas es un recorrido alternativo como cada ser en la historia, como cada objeto en cada lugar de este universo, todo comunica, todo tiene su momento y papel. Por eso se puede afirmar que Marín en sus páginas procede con la misma actitud ociosa y febril que en la página cuarenta el narrador heterodiegético denuncia con respecto a la prensa nacional al referirse al destino de la otra voz del texto, el protagonista Ronald Rivera Calderón y la suerte que correrá en el recuerdo su cruzada kamikaze.

Transcribo textual “no le importaba que su muerte fuera un salto al vacío que mañana no recordaría nadie. Ni siquiera el cronista mas ocioso de lo años setenta”

Marín es ese cronista empeñado en recorrer a tranco largo la vida y espacios temporales que vieron deambular a estos seres con una vocación increíble por el fracaso, por utopías que ni ellos mismos entienden en su plenitud pues a ratos se saben criminales y luego figuras mesiánicas llamadas a la revolución, luego insensatos títeres de sus ex camaradas, o quizá trasnochados fanáticos de una lucha que parece haberlos dejado atrás por ser demasiado extremistas. El VOP integrado por los hermanos Rivera Calderón y Heriberto Salazar Bello se dibuja como una facción fundamentalista que defiende a ultranza la revolución armada y la violencia como motivo del cambio. Desconfiados del curso de los eventos y la pasividad de quienes de pronto se aburguesan o lucran con el gobierno de Allende, los hermanos y el viejo Salazar unido a estos más que por ideología por sostener una vía para mantenerse activo y en el delirio de la sangre, guiado por sus propios métodos y convicciones que recuerdan a esos jóvenes nihilistas de Dostoievski, se mantienen en pie de guerra y dan un vuelco a la canción de Jara “Preguntas por Puerto Montt” cerrando el capítulo Zujovic al mezclar la sangre de este con el olor a plomo, aceite quemado y perfume francés, para iniciar un vertiginoso descenso en picada sin paracaídas.

En el arrastran a sus parejas, sus hijos en gestación, a sus camaradas, a sus familias, y al resto del país. Estos tres sujetos inquietantes, contradictorios, afanados, se nos revelan gracias a la pluma de Marín y su trabajo de reconstrucción de un crimen que acaba en un callejón sin salida, tal como lo anticiparan los propios revolucionarios, en el retrato de un domingo frío de la capital, día común y corriente, asumido en su rutina por la mayoría, pero decisivo para estos y los militares que rodean al comando de la Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP) en su hogar fachada. La voz que poética y alucinada nos guía pertenece al ya mentado Ronald Rivera, personaje que la historia recuerda como un provocador violento que ya había sido expulsado, sucesivamente, del Partido Comunista, del Partido Socialista y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Este reposa sobre el tejado de zinc por segundos aletargado, inspirado por los pasajes más recónditos de su devenir personal y del país, y de pronto en el otro extremo de su personalidad, adrenalínico con su Luger en la mano orinando en dirección de los militares mientras invoca a la muerte.

Marín despliega en este título vertiginoso una serie de recursos narrativos, estilos de narración, fluir de la conciencia, flashbacks, pausas, voces cruzadas, diversos géneros, digresiones y metatextos, para crear una atmosfera de suma tensión y asfixia que alcanza su punto más alto en la resolución que toma el único sobreviviente de los tres atacantes de Zujovic, la violencia llega al absurdo y convicción total en el acto de Salazar Bello que para vengar a sus compañeros tras realizar su rutina de cinéfilo incansable se lanza al Cuartel de Investigaciones de General Mackenna convertido en una bomba humana mientras acribilla a algunos oficiales con dos metralletas para terminar la seguidilla de muerte y sin razón con una autoinmolación que deja solo una dentadura colgada de un árbol y un botón de su larga y característica chaqueta que también tiene una historia digna de ser contada. Aunque siempre habrá una oportunidad para ello.

En conclusión, Marín consigue poner en conjunción los medios menos panfletarios y más literarios para contar una historia que en boca de otros puede lucir gastada, pero que él autor de Las cien águilas con originalidad compone para revisitar el álgido momento de una nación vinculando su pasión de coleccionista de recuerdos y su genio poético.


Autora: Violeta Fernández.

Original de: La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas.