lunes, 12 de enero de 2009

El dentista de Bolaño y la irónica intertextualidad del viaje sin retorno

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El dentista de Bolaño y la irónica intertextualidad del viaje sin retorno. Perpretado por Violeta Fernández Riquelme.

En su obra el dentista (publicada en el libro de cuentos Putas asesinas) Roberto Bolaño como en el grueso de su obra, narrativa, poética y ensayística, realiza un despliegue de ironía intertextual increíble, esta categoría es señalada por Umberto Eco en sus comentarios sobre lo denominado novela posmoderna por autores como McHale, o Hutcheon, como un rasgo esencial de aquellos diseños narrativos experimentales que pretenden llevar el dialogismo e hibridismo discursivo a otro estatus. Bolaño nos tiene acostumbrados a ello tanto en sus mega-sagas los detectives salvajes y 2666 como en sus breves textos, incluidos los póstumos e inconclusos (El secreto del mal)

Esta estrategia textual representa un desafió pero así mismo un atractivo cebo para el lector, le permite al autor, en este caso a Bolaño, expresarse en dos niveles al mismo tiempo, algo así como ocurre con en el double codding, otra categoría señalada por Eco, mediante la cual el creador se permite estructurar el discurso y diégesis para un público más experimentado, con cierto conocimiento formal de la literatura y sus códigos, en Dentista están todas las alusiones a Rimbaud, a Elizondo, a ese realvisceralismo poético de los jóvenes mexicanos, intelectualidad universitaria que vemos en decadencia y aburguesada en los protagonistas, los que a su vez se empapan del sentir de malditismo artístico, de anonimato creativo, de esplendor y fugacidad del talento representado por aquel joven indio Ramírez que no es el bello Arthur como explicita desde un principio el texto, No era Rimbaud, sólo era un niño indio. Hay que contar además las aproximaciones estéticas camufladas en forma de digresiones o diálogos entre ebrios “El arte, dijo, es parte de la historia particular mucho antes que de la historia del arte propiamente dicha. El arte, dijo, es la historia particular. Es la única historia particular posible. Es la historia particular y es al mismo tiempo la matriz de la historia particular. ¿Y qué es la matriz de la historia particular?, dije. Acto seguido pensé que me respondería: el arte. Y también pensé, y ése fue un pensamiento afable, que ya estábamos borrachos y que era hora de volver a casa. Pero mi amigo dijo: la matriz de la historia particular es la historia secreta.”

En este ejercicio no podemos ignorar todos los recursos formales, los mecanismos anticlimáticos, la intención de dejar hilos abiertos (lo que se conoce como dato escondido), además de la transtextualidad en todas sus variantes y en otros casos, no este en particular, la metalepsis, la trasgresión de los niveles de narración. En fin, todo en una misma historia, tal como dice el personaje de Dentista… “y luego mi amigo empezó a contarme un cuento de Ramírez, un cuento sobre un niño que tenía muchos hermanos pequeños que cuidar, ésa era la historia, al menos al principio, aunque luego el argumento daba un giro y se pulverizaba a sí mismo, el cuento se convertía en una historia sobre el fantasma de un pedagogo encerrado en una botella, y también en una historia sobre la libertad individual, y aparecían otros personajes, dos merolicos más bien canallas, una veinteañera drogadicta, un coche inútil abandonado en la carretera que servía de casa a un tipo que leía un libro de Sade. Y todo en un cuento, dijo mi amigo”.

Y es que el detective salvaje, Arturo Belano para los amigos, a la par que cohesiona esta fina trama, se dirige a un público más masivo, centrado en el contenido y ciertas temáticas que engolosinan al morbo mayoritario. La violencia inmanente, el terror y tensión que se esnifa en esos rincones y lapsos solitarios que confrontan los personajes, el mentado derrotero sentimental del narrador y la presumible homosexualidad pederasta del dentista amante de la pintura y que se culpa de la muerte accidental de una vieja indígena en su sala de operaciones a manos de un practicante, que en su ausencia le intervino un cáncer en la encía a la vieja, insisto… todo en un mismo cuento, por ello podríamos decir en síntesis que Bolaño liga lo culterano, lo excesivamente elitista con lo que a todos nos despierta curiosidad, logrando que su trabajo sea como el mismo dice: “Mi literatura es legible, pero no es fácil”.

Esto hay que relacionarlo con la tan mentada ironía intertextual, esta se caracteriza frente al doble código en que la escisión o distancia entre los dos niveles que el autor trabaja, ya no se presenta tan sólo en función de cualquier acerbo, preferencia de temáticas o conocimiento popular, sino que se pronuncia de forma más específica, especializada podríamos decir, pues se focaliza en una necesidad primordial, el dominio de ciertos ideolectos o enciclopedia del destinatario, esto en español y para todos los lectores no estrictamente imbuidos en la terminología de Eco, significa, que la obra exige un conocimiento especial que es la misma obra del autor, sus propios códigos o fetiches como prefiero llamarlos, aquí Bolaño dialoga con bolaño, lo cual permite que el goce estético sea mayor para quien comulga y conoce las otras voces, esas señales de ruta ocultas, temáticas todas, transversales para el Chileno y que se aprecian no sólo en la repetición de su estilo, en el cómo y qué aborda, sino en la creación de un universo que se comunica y retroalimenta constantemente, desde su obra con Porta escrita a cuatro manos, Los Consejos, hasta las que no llegó a concluir. Esto de cualquier modo no es novedad, un lector de Bolaño al leer dentista, entiende en profundidad guiños simples como aquella alusión a Sade o los delirios sexuales del pintor Cavernas y su repentina violencia amparada por guaruras, para que hablar de la constitución de la personalidad de los actantes, el estudioso de letras descorazonado, el hombre que en su normalidad esencial, de dentista aburguesado oculta toda una maraña de sentimientos oscuros paradojalmente ligados al arte, similar a Quim Font, a eso hay que añadir los parajes, vehículos y atmósferas, esto no implica que Bolaño se repita, sino que Bolaño nos invita a recorrer muchas veces los mismos caminos, nos obliga a perdernos en la búsqueda frenética de saltos y retornos que implican un Aleph o Rayuela, esa biblioteca infinita llena de citas a otros y si mismo, y en el anhelo por una respuesta o una bitácora convincente, nos topamos con un viaje que en realidad jamás termina pues las vías paralelas llevan a otras aparentemente distanciadas, como podría ser el caso de su poesía frente a su narrativa pero no es así pues todo esta unido solidariamente. Por ello en el afán por alcanzar a fantasmas Caborquianos, al llegar al punto de partida, o a algún punto antes recorrido o reseñado por el lector, este ya cambio pues nosotros cambiamos en el viaje y salto que implica una re-lectura, por ello, después de leer Dentista, y repensar el diálogo de bar, acerca de cómo el arte es parte de la historia particular, me veo forzada a volver a leer los detectives, 2666, estrella distante y temo por lo que voy a encontrar o no vuelva a leer.

Autora: Violeta Fernández Riquelme

Publicado en: La Santísima Trinidad de las cuatro Esquinas.



miércoles, 7 de enero de 2009

Estrenamos el primer número de la revista La Santísima trinidad de las cuatro esquinas.

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Estrenamos la primera edición de La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas.

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Nos complace presentar este nuevo proyecto de Editorial y revista Cinosargo, titulado la Santísima trinidad de las cuatro esquinas, la revista es una recopilación del contenido de diciembre del espacio homónimo dedicado a la literatura chilena en todos sus géneros.

El equipo integrado por Sol E. Díaz, Daniel Rojas Pachas, Oliver Beltrán y la redactora, Violeta F pretenden proponer lecturas personales e interpretaciones impetuosas a obras canónicas e ignoradas de la lírica y prosa nacional con la periodicidad, compromiso y calidad que nos caracteriza.

Violeta Fernández Riquelme

Visite La Santísima trinidad de las cuatros Esquinas


viernes, 26 de diciembre de 2008

El sujeto inquietante y la historicidad como red en la novela testimonial carne de perro de Germán M


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El sujeto inquietante y la historicidad como red en la novela testimonial carne de perro de Germán Marín

Perpetrado por Violeta Fernández

Puede que a primera vista el nombre del artículo deslumbre o resulte pretencioso a gusto de sonar intelectual y elevar mi ego como redactora, algo de eso hay, pero hablando en serio, el asunto a tratar es más sencillo de lo que parece a priori, ya que el encabezado no hace más que recoger los dos elementos protagónicos que a mi perecer, marcan la tonada caótica, letal y delirante que Marín orquesta en esta novela corta llamada Carne de Perro que hurga de forma obsesiva en las páginas más oscuras y abismales de los años setenta en Chile.

Por un lado tenemos al sujeto irracional que actúa como un huracán de violencia indescifrable, me refiero a todos los miembros del VOP, pero en especial a Heriberto Salazar Bello uno de los tres asesinos de Pérez Zujovic y que terminó como una bomba humana inmolado en el cuartel de investigaciones de Santiago. Bajo esas condiciones que desafían las barreras de la ficción y la realidad, Salazar Bello y los otros miembros de la Vanguardia organizada del pueblo, los hermanos Rivera Calderón no pueden ser ignorados en la historia de Chile, son Erostratos sin motivación aparente, la fama no es su móvil pero el acto de violencia que les otorga la inmortalidad social los lleva a escapar del promedio y sus mezquinas historias personales aún cuando no estén consignados a cabalidad por los textos educativos. Tan sólo en las otras fuentes que nos informan del pasado dejan de ser extras. En la crónica periodística y la novela su existencia nos invita a re-interpretar los hechos desde otro foco, no el de las víctimas, héroes, estatuas y mausoleos, sino a la luz de los nihilistas, de los renegados, de los que se perfilan a juicio de la cordura estricta como agentes del caos.

Creo que esto es importante de consignar sobre todo por la referencia que en el 95 el propia Marín hace sobre esta obra debido a su re-publicación. En ese breve párrafo el autor recalca no haber modificado la versión original del 83 más que en una coma y aprovecha de citar a Foucault y Deleuze. Este último, promotor del esquizo-análisis junto a Guattari y el primero un estudioso de las implicancias del poder y la represión.

Por ello en el trabajo de interpretar el texto y no dejar fuera los epígrafes, comentarios de Marín y las dedicatorias, pues estamos ante una novela testimonial basada en hechos verídicos, es importante fijar la atención en lo que anticipa el creador del Palacio de la Risa e Idola al exponer en la primera página su ánimo por dedicar la obra a los hermanos Robledo, Ted y George. Ambos futbolistas chilenos de origen inglés con ingratos finales. Según señala el novelista, leyendo las crónicas de estos personajes conoció la vocación por el fracaso, pues el sueño de estos astros del balónpie acaba en el caso de uno con una muerte misteriosa en Oman que lo vincula a servicios de inteligencia y al otro atrapado en un patético empleo de auxiliar de colegio. Todos elementos que dan consistencia a Carne de Perro, el tiempo y las vidas, lo inquietante de los destinos y el derrotero que está a la vuelta de la esquina.

De modo que las vidas de Salazar Bello y los otros militantes del VOP, dotadas de un halo de mítico fracaso y misterio resultan ser sombrías e inquietantes fichas en el gran telón que Marín teje usando el hilo histórico, y es ese mismo hilo de su manufactura el que me interesa reseñar, puesto que estamos ante una novela que privilegia el tiempo por encima del espacio, por ello la temporalidad se eleva como aquel segundo factor a tratar. Su irrefrenable poder es tema de la obra, objeto de discusión, recurso estilístico e incluso protagonista, en la medida que estamos ante hechos reales que han sido novelados.

Bajo el escrutinio literario se presenta el tiempo pretérito de un país, continente y mundo si pensamos en la C.I.A y en que los planes de ambas partes políticas comprometidas Comunismo/ Capitalismo (esto si queremos ver la cosa en función de bloques y blanco-negro) o de todas las cabezas e intereses en juego (lo cual es más verosímil) puesto que muchos ponían la atención en este sitio ansiando o temiendo se volviese otro Cuba o Vietnam, aunque como dicen por ahí, cuando Dios y el Diablo meten la mano en la jarra de galletas no sabemos que pactos mudos realizan; el hecho es que las situaciones contingentes y verídicas han sido llevadas a otro tiempo por Marín.

Surge la temporalidad autónoma de la narrativa pero respetando la función que Cronos ejerce sobre todas las cosas, ambientes y personas no sólo de aquellas que están dentro de la obra sino también de las que se encuentran fuera junto al autor y su eventual público, que como parte de ese ejercicio incansable de eternizar y congelar un segundo con la palabra crea un mundo dialogante de fragmentos y memorias para ver si en la relectura y revisión conjunta de lo plasmado en el papel y lo vivido o conocido por otros medios, se encuentra alguna respuesta, nuevas interrogantes o siquiera un segundo de profundo abismamiento ante el encuentro de las irracionalidades y contradicciones que provoca una violencia que se apaga tan fuerte como inesperada estalla.

En fin como no pretendo desarrollar un orden tajante y taxativo o el formato exclusivo que exigen las revistas, primero hablaré del recurso más evidente, la historia como red que atrapa todo en esta crónica negra que tiene como núcleo el asesinato del demócrata cristiano Edmundo Pérez Zujovic mientras salía de su hogar con su hija rumbo al centro de estudios de la joven.

La maraña que Marín teje desde la mente de uno de los asesinos del ex vicepresidente Zujovic, Ronald Rivera Calderón (personaje verídico) nos arrincona a todos como testigos pero también como productos de los hechos de sangre. Cuarenta años después, es cosa de navegar por la web, ver las noticias o simplemente vivir en Chile y buscar o pensar en los nombres de los personajes del narrador y ver las impresiones disímiles que hay en torno a cada uno y lo que representan en esta sociedad, el mártir revolucionario o terrorista, el ministro víctima de la insensatez o represivo tirano amparado por la ley, los partidos y coaliciones, los que los suceden y sobreviven disputando el poder, todos son lugares comunes que alimentan los matices de un debate que va creciendo y se tiñe de odio, resentimiento, fanatismo y por allí también con algo de tolerancia y entendimiento y discursos políticamente correctos en busca de la tan preciada reconciliación. El color del tamiz es enorme e inidentificable, se presenta con todas las gamas que se puedan imaginar en este país que aún vive celebrando ambiguamente sus guerras civiles, derrotas o levantando por votaciones masivas y televisadas a personajes grandiosos de su historia mientras a otros los tapa en provecho de la opinión pública o para no levantar nuevas crisis y resquemores aún cuando, los discursos y recursos políticos de antaño se mantienen en ejecución.

De manera que sujetos y objetos en este libro y su creador así como receptores directos, los que no pueden escapar a los estragos de esta novela, los chilenos, están atravesados por el devenir como un germen corrosivo. Cada elemento expuesto no puede escapar como dijo Joyce en Retrato del artista adolescente, “a la pesadilla que constituye la historia”, no hay azar en que Marín incluya ese fragmento como otro de los epígrafes. Momentos clave y fechas el 71, el 73, el 69 y todos las circunstancias que se desatarían en esos fatídicos y decisivos años se asoman como una presencia infranqueable, una mirada fantasmal o un terror en potencia, el Estadio Nacional por ejemplo aún no revela su nexo con el terror, al convertirse en centro de detención, pero su paso subrepticio por las páginas comunica eventos que el tiempo cosechará, son una invitación a historias paralelas y abiertas para el lector tan llamativas como los explícitos asesinatos, masacres, protestas y golpes de estado que si se nombran o detallan. Los asaltos a bancos a retenes y armerías no son la excepción así como las armas, recuentos periodísticos que dan cuenta de los atracos y la historia que puede tener una Karl Gustav o Luger, ¿a quién mató?, ¿de quién fue? y ¿cómo murió el anterior dueño?, ¿era un carabinero o un comerciante?, lo mismo ocurre con los autos sustraídos para el atraco, para la emboscada, y los partidos políticos que se suceden, las figuras nacionales, Pinochet, Allende, Clotario Blest y los revolucionarios convertidos por los medios de prensa como el Mercurio en satánicas figuras de izquierda, y por las otras facciones, principalmente en panfletos o proclamas, erigidos como verdaderos patriotas que dieron un cierre o respuesta a irracionales medidas como la de Puerto Montt en Pampa Irigoin, una de las causas que motivó el asesinato del que fuese ministro del interior de Eduardo Frei Montalva.

Las otras causas sólo se infieren son parte de la cruzada extrema del VOP o la mano negra de los Panameños que entrenan a los guerrilleros nacionales como amigos, cuando en la mente de algunos, el viejo Heriberto Salazar Bello por ejemplo más que ver universitarios comprometidos con la lucha de clases reconoce agentes encubiertos de los servicios de inteligencia norteamericanos llamados a encender la mecha que acabaría con el gobierno de Allende y su revolución con sabor a chicha y empanada.

Todos los detalles entonces son para Marín caminos rizomáticos a muchas otras tramas, y tan complejo hilado no se le va de las manos al autor, el adrede deja esas puntadas sueltas, pues cada una de ellas es un recorrido alternativo como cada ser en la historia, como cada objeto en cada lugar de este universo, todo comunica, todo tiene su momento y papel. Por eso se puede afirmar que Marín en sus páginas procede con la misma actitud ociosa y febril que en la página cuarenta el narrador heterodiegético denuncia con respecto a la prensa nacional al referirse al destino de la otra voz del texto, el protagonista Ronald Rivera Calderón y la suerte que correrá en el recuerdo su cruzada kamikaze.

Transcribo textual “no le importaba que su muerte fuera un salto al vacío que mañana no recordaría nadie. Ni siquiera el cronista mas ocioso de lo años setenta”

Marín es ese cronista empeñado en recorrer a tranco largo la vida y espacios temporales que vieron deambular a estos seres con una vocación increíble por el fracaso, por utopías que ni ellos mismos entienden en su plenitud pues a ratos se saben criminales y luego figuras mesiánicas llamadas a la revolución, luego insensatos títeres de sus ex camaradas, o quizá trasnochados fanáticos de una lucha que parece haberlos dejado atrás por ser demasiado extremistas. El VOP integrado por los hermanos Rivera Calderón y Heriberto Salazar Bello se dibuja como una facción fundamentalista que defiende a ultranza la revolución armada y la violencia como motivo del cambio. Desconfiados del curso de los eventos y la pasividad de quienes de pronto se aburguesan o lucran con el gobierno de Allende, los hermanos y el viejo Salazar unido a estos más que por ideología por sostener una vía para mantenerse activo y en el delirio de la sangre, guiado por sus propios métodos y convicciones que recuerdan a esos jóvenes nihilistas de Dostoievski, se mantienen en pie de guerra y dan un vuelco a la canción de Jara “Preguntas por Puerto Montt” cerrando el capítulo Zujovic al mezclar la sangre de este con el olor a plomo, aceite quemado y perfume francés, para iniciar un vertiginoso descenso en picada sin paracaídas.

En el arrastran a sus parejas, sus hijos en gestación, a sus camaradas, a sus familias, y al resto del país. Estos tres sujetos inquietantes, contradictorios, afanados, se nos revelan gracias a la pluma de Marín y su trabajo de reconstrucción de un crimen que acaba en un callejón sin salida, tal como lo anticiparan los propios revolucionarios, en el retrato de un domingo frío de la capital, día común y corriente, asumido en su rutina por la mayoría, pero decisivo para estos y los militares que rodean al comando de la Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP) en su hogar fachada. La voz que poética y alucinada nos guía pertenece al ya mentado Ronald Rivera, personaje que la historia recuerda como un provocador violento que ya había sido expulsado, sucesivamente, del Partido Comunista, del Partido Socialista y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Este reposa sobre el tejado de zinc por segundos aletargado, inspirado por los pasajes más recónditos de su devenir personal y del país, y de pronto en el otro extremo de su personalidad, adrenalínico con su Luger en la mano orinando en dirección de los militares mientras invoca a la muerte.

Marín despliega en este título vertiginoso una serie de recursos narrativos, estilos de narración, fluir de la conciencia, flashbacks, pausas, voces cruzadas, diversos géneros, digresiones y metatextos, para crear una atmosfera de suma tensión y asfixia que alcanza su punto más alto en la resolución que toma el único sobreviviente de los tres atacantes de Zujovic, la violencia llega al absurdo y convicción total en el acto de Salazar Bello que para vengar a sus compañeros tras realizar su rutina de cinéfilo incansable se lanza al Cuartel de Investigaciones de General Mackenna convertido en una bomba humana mientras acribilla a algunos oficiales con dos metralletas para terminar la seguidilla de muerte y sin razón con una autoinmolación que deja solo una dentadura colgada de un árbol y un botón de su larga y característica chaqueta que también tiene una historia digna de ser contada. Aunque siempre habrá una oportunidad para ello.

En conclusión, Marín consigue poner en conjunción los medios menos panfletarios y más literarios para contar una historia que en boca de otros puede lucir gastada, pero que él autor de Las cien águilas con originalidad compone para revisitar el álgido momento de una nación vinculando su pasión de coleccionista de recuerdos y su genio poético.


Autora: Violeta Fernández.

Original de: La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas.



martes, 23 de diciembre de 2008

Intento de promoción de la Santísima Trinidad de las Cuatro Esquínas.


La verdad es que no tengo muy claro quien visita este rincón olvidado de la web, creo que ni yo misma, puede que nadie, así que puede que esto sea como el patético último esfuerzo de Mayor Tom al dialogar con la tierra, que más da... dejaré el aviso pese a mis retiscencias, así quien alguna vez haya entrado o siga haciéndolo sabrá de nuestro nuevo proyecto, hermano menor de Cinosargo, La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas y sobre todo lo hago, por que mis amigos y compañeros de la Santísima insistieron demasiado.

V.F.R

sábado, 13 de diciembre de 2008

Estrenamos nuestro séptimo número de Cinosargo - Edición VI de Noviembre.

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ESTRENAMOS NUESTRO SÉPTIMO NÚMERO DE CINOSARGO EDICIÓN VI


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NÚMEROS ANTERIORES


CINOSARGO EDICIÓN DE OCTUBRE DEL 2008 NÚMERO V. LEER O DESCARGAR


CINOSARGO EDICIÓN DE SEPTIEMBRE DEL 2008 NÚMERO IV. LEER O DESCARGAR


CINOSARGO EDICIÓN DE AGOSTO DEL 2008 NÚMERO III. LEER O DESCARGAR


CINOSARGO EDICIÓN DE JUNIO 2008 NÚMERO II. LEER O DESCARGAR


CINOSARGO EDICIÓN DE JUNIO 2008 NÚMERO I. LEER O DESCARGAR


CINOSARGO EDICIÓN MAYO 2008 NÚMERO 0. LEER O DESCARGAR.



domingo, 17 de agosto de 2008

Yukio Mishima vida y obra.

 


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Yukio Mishima (三島由紀夫 Mishima Yukio), de verdadero nombre Kimitake Hiraoka (平岡公威), fue un escritor y dramaturgo japonés nacido en Tokio el 14 de enero de 1925 y muerto el 25 de noviembre de 1970.


La sombra de la abuela


200px-Yukio_Mishima_1931.jpgHijo de Azusa Hiraoka, secretario de Pesca del Ministerio de Agricultura. Pasó los primeros años de su infancia bajo la sombra de su abuela, Natsu, que lo separó de su familia durante varios años. Natsu provenía de una familia vinculada a los samurai de la era Tokugawa, ella mantuvo aspiraciones aristocráticas -el nombre de juventud de Mishima, "kimitake", significa "príncipe guerrero"- aún después de casarse con el abuelo de Mishima, un burócrata que había hecho su fortuna en las fronteras coloniales. Tenía mal carácter y se exacerbó por su ciática. El joven Mishima acudía a masajearla para aliviar su dolor. Ella tenía tendencia a la violencia, incluso con salidas mórbidas cercanas a la locura que serán posteriormente retratadas en algunos escritos de Mishima. Algunos biógrafos opinan que Natsu favoreció la fascinación de Mishima por la muerte. Ella leía francés y alemán, y tenía un exquisito gusto por el Kabuki. Natsu no permitía que Mishima jugase a la luz del sol, practicase algún deporte o que tuviera juegos rudos con otros chicos de su edad. Prefería que pasase su tiempo solo o jugando a las muñecas con sus primas, incluso se habla de unos escritos de primera juventud que su padre rompió ante la mirada del joven Mishima.

Exento del servicio militar por sufrir tuberculosis, no participó en la guerra, suceso que él mismo entendió como una humillación.

Generacionalmente es considerado parte de la “segunda generación“ de escritores de posguerra, junto con Kobo Abe.

Su ensayo más importante, Bunka boueiron (En defensa de la cultura), defendía la figura del Emperador, como la mayor señal de identidad de su pueblo. Más tarde formaría la Sociedad del Escudo (Tatenokai), con un fastuoso uniforme que él mismo diseñó y en el que pretendía reencarnar los valores nacionales de "su" Japón tradicional.

Durante los años 60 escribió sus más importantes novelas.


 


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La obra de Mishima


Su tema central es la dicotomía entre los valores tradicionales de Japón y la esterilidad espiritual de la vida contemporánea. Su novela, Confesiones de una máscara (1949), en parte autobiográfica relata la historia de un joven de homosexualidad latente que debe esconderse tras una máscara para encajar en la sociedad. La historia tuvo un enorme éxito y convirtió a Mishima en una celebridad a la edad de 24 años.

Mishima fue un escritor disciplinado y versátil. No solo escribió novelas, novelas de series populares, relatos y ensayos literarios, también obras muy aclamadas para el teatro Kabuki y versiones modernas de dramas No tradicionales.

YM01.jpegSu escritura le hizo adquirir fama internacional y un considerable seguimiento en Europa y América, y muchas de sus obras más famosas fueron traducidas al inglés. Permitiéndole dedicarse por entero a la escritura. A Confesiones de una Máscara le siguen, El pabellón de oro (1956) la cual retrata a un hombre obsesionado con la religión y la belleza; El marino que perdió la Gracia del mar (1963) es un relato truculento sobre los celos adolescentes; y en su epopeya de cuatro volúmenes, El mar de la fertilidad (1970), que comprende Nieve de primavera, Caballos desbocados, El templo del alba y La corrupción de un ángel, analiza la transformación de su país en una sociedad moderna pero estéril. Mishima, que fundó una sociedad para fomentar la cultura física y las artes marciales, el Tatenokai, su suicidio se considera como su protesta final contra la decadencia japonesa.


 


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Su relación con el Nobel.


Mishima Viajó ampliamente, siendo propuesto para el Premio Nobel de Literatura en tres ocasiones, y fue pretendido por muchas publicaciones extranjeras. Sin embargo, en 1968 su primer mentor Yasunari Kawabata ganó el premio y Mishima se dio cuenta de que las posibilidades de que fuera concedido a otro autor japonés en un futuro próximo eran escasas. Se cree también que Mishima quiso dejar el premio a Kawabata, de más edad, como muestra de respeto para el hombre que lo había presentado a los círculos literarios de Tokio en la década de los 40.


 


El ritualismo de su suicidio


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En el año 1967, Mishima se alistó en las Fuerzas de Autodefensa de Japón y tuvo un entrenamiento básico. Un año más tarde formó la Tatenokai (Sociedad Escudo), milicia privada compuesta sobre todo por jóvenes estudiantes patrióticos que estudiaban principios de artes marciales y disciplinas físicas y que fueron entrenados a través de las Fuerzas de Autodefensa de Japón bajo la supervisión de Mishima.


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La mañana del "incidente" del 25 de noviembre de 1970, Mishima llevaba la última parte de esta tetralogía a su editor. Después se dirigió junto con cuatro miembros de la Tatenokai a visitar al comandante del Campamento Ichigaya, en el cuartel general de Tokio del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa de Japón. Una vez dentro, procedieron a cercar con barricadas el despacho y ataron al comandante a su silla. Con un manifiesto preparado y pancartas que enumeraban sus peticiones, Mishima salió al balcón para dirigirse a los soldados reunidos abajo. Su discurso pretendía inspirarlos para que se alzaran, dieran un golpe de estado y devolvieran al Emperador a su legítimo lugar. Solo consiguió molestarlos y que le abuchearan y se mofaran de él. Como no fue capaz de hacerse oír, acabó con el discurso tras solo unos pocos minutos. Regresó a la oficina del comandante y cometió seppuku. La costumbre de la decapitación al final de este ritual le fue asignada a Masakatsu Morita, miembro de la Tatenokai. Pero Morita, del cual se rumoreaba que había sido amante de Mishima, no fue capaz de realizar su tarea de forma adecuada: después de varios intentos fallidos, le permitió a otro miembro de la Tatenokai, Hiroyasu Koga, acabar el trabajo. Morita entonces intentó el seppuku y fue también decapitado por Koga.


 









Otros elementos tradicionales del suicidio ritual fueron la composición de jisei, (un poema compuesto por uno mismo cuando se acerca la hora de su propia muerte), antes de su entrada en el cuartel general.

Mishima preparó su suicidio meticulosamente durante al menos un año y nadie ajeno al cuidadosamente seleccionado grupo de miembros de la Tatenokai sospechaba lo que estaba planeando. Mishima debía haber sabido que su intento de golpe jamás podría haber tenido éxito y su biógrafo, traductor, y antiguo amigo John Nathan sugiere que fue solo un pretexto para el suicidio ritual con el cual Mishima tanto había soñado. Mishima se aseguró de que sus asuntos estuvieran en orden e incluso tuvo la previsión de dejar dinero para la defensa en el juicio de los otros 3 miembros de la Tatenokai que no murieron.


 


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Mishima escribió 40 novelas, 18 obras de teatro, 20 libros de relatos, y al menos 20 libros de ensayos así como un libreto. Una gran porción de su obra se compone de libros escritos rápidamente solo por los beneficios monetarios, pero incluso no teniendo en cuenta estos, seguimos teniendo una parte sustancial de su obra.

Aunque su fin puede haber pretendido ser algún tipo de testamento espiritual, la naturaleza teatral de su suicidio, las poses cursis en las fotografías para las que posó y la ocasional naturaleza patética de su prosa seguramente han perjudicado a su legado. En las academias, tanto japonesa como anglo-americana, hoy, Mishima no tiene virtualmente voz, sobre todo porque sus opiniones de derechas no son políticamente correctas. Sin embargo, fuera de la academia las obras de Mishima siguen siendo populares tanto en Japón como en el resto del mundo.


 


TEXTO: CUENTOS COMPLETOS DE MISHIMA AQUI.